Nuestro cuarto del fondo
Para Joaquín, los días habían comenzado a confundirse entre sí. Cada mañana lo sorprendía idéntica a la anterior, y cada semana parecía repetirse como un eco interminable. La rutina se había vuelto un carrusel que giraba sin detenerse: los compromisos, las obligaciones, las urgencias que reclamaban su atención inmediata. Entre todo eso, a veces se descubría caminando en automático, olvidando incluso hacia dónde se dirigía, como si su brújula interior hubiese quedado guardada en algún cajón. Había noches en las que, cansado, sentía un deseo extraño: detener el tiempo. Parar el reloj, aunque fuera por un instante, y quedarse allí, inmóvil, lejos del ruido y de las demandas externas. No importaba su edad, su trabajo ni los roles que cumpliera en la vida. En el fondo, lo que anhelaba era un respiro. Un alto en el camino. Un refugio. Entonces regresaba a su memoria aquella charla que alguna vez escuchó, titulada “El cuarto del fondo”. Se refería a ese esp...