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Universidad de la vida

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       Sentado sobre un cordón de vereda, y bajo un frío azul de invierno, Enrique mantenía su mirada posada en los viejos cristales del bar de enfrente, lugar donde había estado su última treintena y que hoy, con un cheque de retiro en sus manos, inspiraba obnubilado entre un pasado que había sido su presente hasta hacía unas horas y un futuro sin respuestas por no conocer las preguntas.      Guardó el cheque en su pantalón a rayas de tiro corto y bajó su mirada hacia sus zapatos que hacían juego con sus tiradores negros; la vida parecía barajar y dar de nuevo, y Enrique se había quedado sin cartas y sin saber las reglas del juego.       Mesero de profesión, supo escribir una vez que tomó un avión con el motivo del casamiento de su hija, en Madrid, y debió completar el formulario de preembarque en el aeropuerto, hacía ya más de quince años. Oración corta y simple, que tantas veces expresó cuando se lo preguntaban o mencionaba cada ...

La vida en 3 minutos

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     De frente al radiante ventanal, Ernesto seguía inmóvil, mirando al presente con los ojos puestos en el pasado. Las fotos que le había enviado su hermano sobre lo que hoy era su casa, se contraponían con los recuerdos que él tenía de aquellos tiempos, como dos caras de una misma moneda. Había nostalgia por lo que no fue como también tristeza por todos esos momentos en los que supo ser feliz, instantes de una vida sin retorno.      Hacía más de tres años que Ernesto vivía en Portugal, después de haber dejado Montevideo, su tierra natal, luego de su divorcio tras un matrimonio de casi veinte años.      Como quien navega por necesidad más que por destino, como quien camina los caminos que son de otros, Ernesto vivía en Faro, una ciudad al sur, y en soledad, ya que sus hijos lo hacían en otra ciudad portuguesa a dos horas en tren de la primera. Por el deseo de quedarse cerca de ellos y la necesidad de estar lejos de su ahora ex mujer, Ernes...

Capitulo I - Opciones de Vida

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Pasado, presente, futuro Recostado boca arriba sobre los pies de mi cama, logro ver el suelo de esta habitación del último piso del edificio donde habito desde hace ya un tiempo. Y siento miedo, me encuentro perdido y, sobre todo, hasta lo que creía que ya estaba claro, ha cambiado por una tonalidad aún más oscura que no me deja ver, no puedo apreciar en dónde estoy, a dónde es que iba ni mucho menos con quién. Creo que es jueves, aunque ya no importa, donde después de un café y haber comprendido por las noticias que la vida continúa, me doy cuenta de que estoy vivo solo porque aún respiro. Cambio de posición, de ratos me vuelvo a tapar con la sábana y en otros miro por la ventana, sin razón ni motivos. Expectante, de no sé qué. Gracias a las memorias de mi pasado, hace semanas que ya he decidido dejar muchas cosas de lado sin saber por cuáles cambiarlas, sin una justificación; solo sé que quiero y debo hacerlo por mí. Mi nombre es Joaquín y nací en Santa Elena, una ciudad pequeña de...