Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como nostalgia

Sin olvido

Imagen
               Él estaba en el café de siempre, el que aún conservaba las sillas de hierro negro y las lámparas amarillentas que parecían resistirse al paso del tiempo. No la esperaba —hacía tiempo que había dejado de hacerlo—, pero ahí estaba. Entrando como si nada hubiera cambiado, como si todos los encuentros fallidos y las despedidas a medias no hubieran dejado huella.             Cada cierto tiempo volvía al mismo bar, a la misma hora en la que se habían dicho adiós años atrás. Lo hacía con la secreta esperanza de que, por esas cosas del destino, ella apareciera de nuevo. Para quizá decirle todo lo que aquella tarde no alcanzó a confesar, o para callar lo que nunca debió haber dicho. Y, sobre todo, para volver a escuchar esa voz que con los años se le iba borrando de la memoria, pese a sus esfuerzos por retenerla.             Tal ...

Historia de plaza

Imagen
     Esteban se había sentado en esa plaza sin saber bien por qué. A pesar de que no era su rutina porque ni siquiera vivía cerca. Simplemente, esa tarde, algo lo llevó ahí. Tal vez las ganas de dejar de pensar o tal vez las ganas de volver a hacerlo.      El banco estaba un poco torcido, la sombra no llegaba del todo y el ruido de los autos se colaba entre los árboles. Pero algo en esa plaza lo sostenía. Era un espacio sin tiempo, como los que alguna vez habían sido refugio.      Fue entonces cuando los vio. Justo allí, como en cámara lenta.      Dos chicos, de no más de nueve años, se hamacaban con la soltura del que no piensa en caerse. El chico tenía zapatillas blancas que cada tanto raspaban el suelo y la chica, una camiseta celeste de algún regalo reciente y un rodete hecho con más voluntad que prolijidad. A un costado, dos muñecas descansaban sobre el banco, ignoradas por ahora.      Se hablaban con seried...

A puertas cerradas

Imagen
       Y allí estaba Antonio, ese ejecutivo que con su treintena de años encima, pensaba que ya nada de su pasado le podría incomodar en su presente perfecto, ni tampoco en su futuro lleno de ilusiones y de grandes sueños. Nunca pensó que el momento más significante de su vida llegaría cuando se cerrara para siempre una de las puertas con las que había nacido y crecido, una puerta que siempre había estado abierta: la casa de los abuelos. Al cerrarse esa puerta, finalizaban los encuentros, a veces tan grandes que parecían una familia real. Acababan las tardes alegres con los tíos, primos, nietos, sobrinos, padres y hermanos; incluso con una novia o un novio de paso, con los vecinos enamorados de la calidez que emanaba desde el interior.   Cerrar esa casa suponía decir adiós a las canciones con la abuela y a los consejos del abuelo, al dinero que le daban a escondidas, a los gestos cómplices y a los castigos incumplidos. A llorar por los que se habían ido, como a ...

Universidad de la vida

Imagen
       Sentado sobre un cordón de vereda, y bajo un frío azul de invierno, Enrique mantenía su mirada posada en los viejos cristales del bar de enfrente, lugar donde había estado su última treintena y que hoy, con un cheque de retiro en sus manos, inspiraba obnubilado entre un pasado que había sido su presente hasta hacía unas horas y un futuro sin respuestas por no conocer las preguntas.      Guardó el cheque en su pantalón a rayas de tiro corto y bajó su mirada hacia sus zapatos que hacían juego con sus tiradores negros; la vida parecía barajar y dar de nuevo, y Enrique se había quedado sin cartas y sin saber las reglas del juego.       Mesero de profesión, supo escribir una vez que tomó un avión con el motivo del casamiento de su hija, en Madrid, y debió completar el formulario de preembarque en el aeropuerto, hacía ya más de quince años. Oración corta y simple, que tantas veces expresó cuando se lo preguntaban o mencionaba cada ...

La vida en 3 minutos

Imagen
     De frente al radiante ventanal, Ernesto seguía inmóvil, mirando al presente con los ojos puestos en el pasado. Las fotos que le había enviado su hermano sobre lo que hoy era su casa, se contraponían con los recuerdos que él tenía de aquellos tiempos, como dos caras de una misma moneda. Había nostalgia por lo que no fue como también tristeza por todos esos momentos en los que supo ser feliz, instantes de una vida sin retorno.      Hacía más de tres años que Ernesto vivía en Portugal, después de haber dejado Montevideo, su tierra natal, luego de su divorcio tras un matrimonio de casi veinte años.      Como quien navega por necesidad más que por destino, como quien camina los caminos que son de otros, Ernesto vivía en Faro, una ciudad al sur, y en soledad, ya que sus hijos lo hacían en otra ciudad portuguesa a dos horas en tren de la primera. Por el deseo de quedarse cerca de ellos y la necesidad de estar lejos de su ahora ex mujer, Ernes...